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El laberinto en el espejo o viceversa. Releyendo a Borges. (Parte I)
El laberinto en el espejo o viceversa. Releyendo a Borges. (Parte I)

El laberinto en el espejo o viceversa. Releyendo a Borges. (Parte I)

Borges-Ilustración de Willi Glasauer
Borges-Ilustración de Willi Glasauer*.

Afirmar que las realidades concretas de los cuentos y poemas de Borges son lo que, para los místicos, es un sistema de símbolos resulta arriesgado, pero no por ello incierto. A lo largo de su obra se suceden el tiempo, el espacio, las imágenes, reflejos, ecos, laberintos, espejos… en un entramado simbólico difícil de descifrar.

Nosotros nos vamos a quedar con dos de los elementos más recurrentes y paradigmáticos de su sistema literario: el espejo y el laberinto.

Intentaremos abarcar el mayor número posible de significaciones; pero posiblemente todo haya de reducirse a una sola significación, común denominador de todas ellas.

No olvidemos que un símbolo siempre contiene una parte de La realidad; tal vez así no nos resulte una tarea imposible demostrar que la supuesta irrealidad de Borges no es más que una simplificación de cuanto en él y en su obra es fundamental: la cruda realidad.

No está de más apuntar aquí, grosso modo, algunas ideas que después pueden ayudar a comprender un poco mejor las significaciones borgianas. En su obra -es cosa asumida- existe y está siempre latente un descreimiento de la cronología y secuencia de los tiempos.

Esto no debe conducirnos a pensar que no existe el tiempo, tan sólo debería inducir a la idea de que lo único importante para Borges es centrarse en fragmentos de vidas humanas, fragmentos que contienen el destino de cada hombre.

Que Borges es eco de sus memorias nos conduce a esa llamada irrealidad borgiana. Él es todo cuanto le precede y por ello reniega del presente y del futuro: su objetivo no es borrar la memoria de sus orígenes, de los orígenes de cada hombre, sıno recuperar el pasado.

Borges copia y acopia, evita asumir las pérdidas que implica el transcurso del tiempo. Todo se eterniza en él y dentro de él; él es el recuerdo de los recuerdos que anhelan las memorias de cada uno en relación con sus propios pasados. Según esto, resulta lógico pensar que el destino -otro de los temas habituales en él-es algo implacable y lo es porque procedemos de otros destinos y somos lo que ellos han engendrado.

¿Qué persigue Borges repitiendo una y otra vez que el destino es implacable, que todo está ya hecho y ya dicho? ¿Qué representa cada uno de los laberintos, todos y el mismo, distribuido entre sus laberintos estructurales?

Borges borra los límites de la realidad, la hace ilimitada, encierra a cada hombre no sólo en el laberinto del mundo, sino en su propio laberinto particular. Sus laberintos son un universo -el Universo- y éste es, a su vez, una infinitud de laberintos que se repiten como en un juego de espejos.

El hombre, para él, es sólo un destello tímido de todos los hombres, «hombres que viven sólo porque son los únicos espectadores de un suceso, sombras que copian el legado de otras sombras». Lo dice él.

Pero hablemos del laberinto, que tiene una relación directa con ideas recurrentes en Borges: el infinito, el tiempo… Su laberinto, su mágico cosmos, se refleja en su obra poética con más fuerza quizá que en su narrativa. Con el lenguaje, Borges crea un mundo paralelo al real donde nada pertenece al tiempo histórico, sino al mundo de la creación.

El símbolo del laberinto no ha sido solamente adaptado, sino elaborado a través de sus numerosos textos.

El laberinto, creado por Dédalo para encerrar y proteger al minotauro, es, de un modo contradictorio y complementario, una fortaleza edificada para proteger al monstruo y una prisión para impedirle salir. Lugar paradójico, fija simbólicamente un movimiento del exterior hacia el interior, de la forma a la contemplación. Pero representa también el movimiento contrario, de dentro hacia fuera. En el centro del laberinto el monstruo, o el dios -la monstruosidad puede ser también un atributo divino-, pero siempre el secreto.

*La ilustración de la contracubierta del libro Borges, J.L. (1993). Obras completas. (Vol.IV). Círculo de Lectores.