
Si pudiera detener el tiempo, en esos instantes felices y siempre fugaces de la vida, me detendría en la ternura fresca de vuestras miradas; en el aleteo siempre nuevo de vuestras risas infantiles; en el rumor infatigable de vuestros juegos; en el punto aquel donde quedó aquel cuento inacabado y prodigioso que iba inventando a la medida y al dictado de vuestra sorpresa incontenida.
Si pudiera detener el tiempo, escapando de su tenso y obligado ritmo, volvería a entrelazar mis manos con vuestras manos y giraría de nuevo con vosotros en el corro de los sueños, unido a vuestra alegría que es como un arco-iris de mariposas. ¡Ay, si pudiera detener el tiempo!
Mientras tanto he de conformarme con saber que crecéis al mundo; resignarme a aceptar que las horas no me permitieron cumplir con mis promesas, y que sólo me queda acechar, desde lejos, vuestras siluetas alargándose, al cruzar la calle.
Por eso hoy, sabiéndome deudor de vuestro cariño, expresado en un "Te quiero maestro" escrito en aquel trozo rasgado de cuaderno, os expreso mi sincera gratitud por todo aquello que supisteis enseñarme.
Vuestro maestro siempre, José Tuvilla Rayo*.

*Nota de Carmen López. Esta carta la escribió José Tuvilla Rayo como despedida de sus alumnos. Aunque hace ya unos cuantos años que la escribió, la madre de uno de sus alumnos se la hizo llegar recientemente. Es un magnífico poema de un gran maestro que siempre ha respetado y querido a sus alumnos y de quienes, como él mismo dice en su carta, tanto ha aprendido.
