
El próximo día 24 de septiembre me enfrento, por última vez, ante el público que tenga a bien asistir, a la última presentación de ‘A destiempo’. Lo haré en El faro de Recóndito en compañía de la periodista y profesora María José López Díaz, quien además de compañera de trabajo es una buena amiga. Con ella y, con quien se apunte, a las 19:30 horas a acompañarnos, hablaremos de mi último poemario.
A la puerta ya esperan otros proyectos que piden paso y de los que ya les contaré, llegado el día. Por suerte, ahí queda lo ya escrito para siempre. Aunque no sea ya ‘A destiempo’ el libro que yo lleve entre las manos, con suerte estará en otras y habrá quienes lo lean, lo presten o lo regalen y lo mantengan así latiendo como un corazón grande hecho de palabras. No hay mayor felicidad para quien escribe un libro que esa.
Reconozco que el camino hasta aquí con este poemario ha sido bonito, muy entrañable e, incluso, especial. No sólo porque he estado acompañada de personas a las que quiero de verdad en el recorrido, sino también porque me ha permitido conocer a otras tantas que, generosamente, se han sumado a él para mostrar a los demás qué rezuman los versos del medio centenar de poemas que conforman ‘A destiempo’.
Quiero agradecer, en primer lugar, a José Tuvilla que pusiese un ladrillo en ese bonito edificio haciendo el prólogo y, después, sentándose a mi izquierda el día de la primera presentación en la librería Picasso de Almería (con un especial cariño al alma de este espacio de cultura, Ana Amezcua). A él le debo, a sus palabras, el título de esta web-blog, arquitectura íntima. “He hablado de arquitectura de la intimidad para referirme a este libro. Y lo sostengo. Porque Carmen no acumula poemas; los construye. Cada verso es una viga, cada silencio un espacio habitable”, dijo.
Aquel mismo día, mi queridísima Isabel Giménez Caro, también refirió que en este poemario pareciera que “la escritura la llevara a una casa cómoda y agradable”. ¡Qué razón tiene! Es muy difícil explicar en qué se puede llegar a convertir el ejercicio de la escritura, pero es eso y muchas más cosas. Como Isabel, mi hermana del alma, de la que no sabría qué decir sin tener la sensación de haberme quedado muy corta.
Hubo música en aquel bonito acto, la puso en directo Manuel Camilo Garrido. Su preciosa composición acompaño durante la lectura de mis versos dándoles una luz que de otra manera no hubieran conseguido.
Y , en posteriores días, de tal palo, tal astilla. Mi achuchable Martina Mateo Giménez se encargó de las presentaciones que hice en Adra y El Ejido -aquí acompañada de Emilio Picón, sincero y magnífico como persona y como escritor- llevándome y trayéndome del pasado al presente con un poema de Lorca que le enseñé cuando apenas era una niña y que aún es capaz de recitar de la más bonita de las maneras. Ella definió mis versos, muy certeramente, como una “liberación” y encontró en cada uno de los poemas reminiscencias de los versos de otros de las que ni siquiera yo fui consciente ni escribiéndolos ni releyéndolos.
No puedo dejar de hablar aquí del gran Emilio Ballesteros, que me acompañó a Granada y Málaga para desmenuzar y engrandecer los humildes versos de mi poemario. A él llegué a través de Facebook y a través de correo electrónico le llegó mi libro. Nada más leerlo me respondió con un “me han entusiasmado” que me tocó el alma. Aunque no tanto como el día que escuché lo que había preparado para la presentación del libro y que escuché entre emocionada y sorprendida. De Málaga me traje, ademas, haber conocido a dos jóvenes pero estupendos escritores de la tierra, Roberto Carlos Gallego y David Lozano Mena, en un espacio maravilloso, el Cosentino City, cedido también para que pudiéramos conmemorar el Día del Libro rodeados de numerosas personas. Gracias Santiago Alfonso y Carmen Sánchez, por hacerlo posible.
De Javier Irigaray, Argaria y de mi presentación en Antas, arropada por unas personas maravillosas, sólo puedo decir buenas palabras. Fue como estar en casa. En aquel acto fui de la mano de Antonia Sánchez Villanueva, con quien he compartido unos cuantos años de trabajo y que, ahora, hemos compartido también momentos literarios gracias a ‘A destiempo’, también en la UNED, espacio que cedió la Diputación Provincial para poder hablar de este último poemario.
Y qué decir de la gran Charo Guarino, grande humanamente y grande en lo literario, que forma parte de mi vida como si hubiera estado ahí siempre y nos hemos visto dos veces. Las redes sociales me la dieron a leer y las redes sociales fueron el medio por el que contacté con ella. Nunca olvidaré su “me han parecido deliciosos”, después de haber leído los poemas. Con ella, ‘A destiempo’ llegó hasta Murcia y a esos Lunes Literarios en el café El Sur, con Alberto Caride, que tan agradables me resultaron.
Para todos ellos sólo tengo palabras maravillosas y recuerdos imborrables que me acompañarán ya siempre, que nadie tenga duda.
Me he puesto a hacer recuento de estos meses -espero no haberme dejado a nadie en el olvido, que la memoria juega malas pasadas- y he olvidado por un momento que en nada me enfrento a la última presentación de la criatura, en la que volveremos a hablar de ella. Y aquí me toca decir que de todas y cada una de las presentaciones me he traído conmigo sensaciones que eran nuevas sobre mis propios versos y a las que me gustaría sumar unas pocas más. Así que os invito a estar y a participar. Os leeré en El faro de Recóndito unos cuantos antes para ir abriendo boca y conversar. Aquí os dejo uno y digo punto final.
La ciudad es sucia
y no puedo andar descalza.
Condena esta de llevar zapatos.
Ni somos tan libres
ni caminamos despacio.
La ciudad te arrastra
y te para en el semáforo
para que cruces entre rayas blancas
o sobre ellas.
Las señales se agolpan.
La información abruma.
El ruido ensordece el pensamiento.
